Ciudadela, Menorca. Cuando María Médem se reincorpora a su puesto de agente de la comisaría local tras una baja maternal, aparecen en la isla dos sexagenarias asesinadas. En el domicilio donde se descubren los cuerpos se dan tres coincidencias: un fuerte olor a algo parecido a la hierbabuena, una misma canción de Raphael reproduciéndose una y otra vez en el ordenador y un orden estricto en todas las estancias. El pasado de la protagonista como integrante del grupo de Homicidios de Barcelona es razón suficiente para que le encarguen una investigación que se presenta compleja.
Compatibilizar sus obligaciones de madre con su trabajo, a pesar de las ausencias intermitentes de su marido por exigencias laborales, incluso la turbadora presencia del enigmático Roberto Rial, responsable de la unidad de Homicidios de la central en Madrid, no son ni de lejos la principal preocupación de María. Su verdadero problema tiene nombre y apellido: Amparo García, su suegra.
Dormir varios días al mes con medio lecho vacío, trabajar en una comisaría repleta de tipos insensibles y tener un bebé del que ocuparse, pueden convertir la vida en un infierno. Pero tener que vérselas con una suegra insoportable que incluso podría ser una asesina de ancianas, es algo definitivamente peor.

¿Qué es más difícil: investigar una serie de asesinatos, trabajar y al mismo tiempo cuidar a un hijo de pocos meses tú sola o convivir con una suegra que te odia? María no tiene qué elegir, lo tiene todo. Con su marido fuera durante semanas por culpa del trabajo, un psicópata suelto por la isla de Menorca y su insoportable suegra que se presenta de improviso justo cuando empiezan los asesinatos, la agente de la policía local, María Médem, tiene todas las cartas para sentir que su vida se vuelve del revés, y si a ello se añade la llegada de un antiguo compañero/amante, todo se complica aún más.
La historia está narrada principalmente desde el punto de vista de María, en primera personal, aunque también incluye algunos pasajes describiendo los pensamientos del psicópata o escenas protagonizadas por el marido ausente. Gracias a esta forma de narrarlo, vivimos el torbellino emocional por el que pasa la policía, nos identificamos con sus sentimientos y nos dan ganas de coger a la suegra y echarla de casa sin contemplaciones. Aunque también deja caer alguna miguita por ahí que nos hace plantearnos muchas cosas.
Es un libro ágil, de lectura sencilla, entretenido, con protagonistas algo psicóticos: María, desquiciada por el stress; Roberto, el inspector que dirige la investigación, que si no tiene el síndrome de Asperger, se le acerca; y la suegra, Amparo, que se apodera de la casa y del libro.