Autor: P.L. Salvador
Serie: -
Género: ciencia-ficción, distopía
Editorial: Pez de Plata
Páginas: 320
Imagina un planeta superpoblado donde convivimos con robots, aeronaves personales y androides de todo tipo. Como somos demasiados, lo que antes mataba a seis personas ahora mata a seis mil. Imagina hambrunas, hacinamiento, epidemias, catástrofes naturales... ¿Todavía crees en la humanidad? Piénsalo. Ahora imagina una casa de campo y un grupo de personas que quieren vivir al margen de la sociedad. Imagina que eres una de esas personas. Imagina un mundo mejor y responde a la pregunta: «¿Qué añadirías? ¿Qué quitarías?». Piénsalo bien.
Año 2222. Año 4444. Año 7777.
Parece inconcebible que una historia de supervivencia dure más de cinco mil años. Pero en un futuro lejano todo puede ocurrir. Lo bueno y lo malo. El amor. La violencia. Lo incomprensible. Lo irreparable. O que las personas sean remodeladas, los espejos tridimensionales y todo vuele o se arrastre hacia la gran catástrofe de los tiempos fulminantes. Cuando esto termine, todos estaremos muertos. Imagina el mundo que dejaremos atrás. ¿Quién querría vivir en él?
7777 combina la potencia y la invención lingüística de La naranja mecánica, los paisajes desolados de J. G. Ballard y la reflexión espiritual de Los amantes de Philip José Farmer.
Valoración: ⭐⭐⭐⭐⭐
Este libro es el compendio de tres novelas, tres relatos cortos que forman una serie autoconclusiva.
Todo empieza con 2222, es decir, el año 2222. La tierra está superpoblada, las diferencias sociales son cada vez mayores y los recursos, cada vez más escasos, no alcanzan para todos. En una granja propiedad de Zalt, un multimillonario con espíritu anarquista, se reúnen un grupo de personas un tanto hetereogéneo: hombres y mujeres, junto con androides, alguno más humano que los propios humanos. Al mando del grupo, Nat, un misterioso coronel que les habla de un terrible plan mundial para eliminar los problemas de sobrepoblación y escasez de recursos. Las reacciones no se hacen esperar.
En el año 4444, el mundo ha vuelto a caer en lo mismo; el hombre es el único animal que tropieza en la misma piedra. De nuevo el planeta está superpoblado, de nuevo las distancias sociales son infinitas, de nuevo un plan debe llevarse a cabo. Y en medio de todo, una historia de amor a través del tiempo.
Y acabamos en el año 7777, donde un suceso muy parecido a lo acontecido en el pasado, reduce a un mínimo la población mundial. En Iberia, solo unos pocos sobreviven aun a su propio pesar para algunos, y deben buscar y saber aceptar su oportunidad para ser feliz en este nuevo mundo que surge por tercera vez.
Una vez más P.L. Salvador me vuelve a sorprender con su obra. Me ha tenido absorta, subyugada, hipnotizada, anonadada con esta triple y única historia. Con ese estilo tan personal que tiene, y que cambia de un relato a otro; con su propio diccionario de aforismos y palabras futuristas, cuyo glosario solo descubrí al acabar el libro (aunque no lo necesité para entenderlos); con tantos puntos de vista personales a través de diarios que van pasando de una mano a otra, de un personaje a otro, cada uno complementando y continuando la historia del otro.
Es un libro ambientado en el futuro pero que aun así nos deja reflexiones para nuestro presente. En un mundo donde la imagen y lo moderno difuminan lo originalmente humano, un grupo de personas decide volver al origen, a lo básico, a lo estrictamente esencial. Un nuevo mundo donde los protagonistas leen libros de uno de sus tataradeudos, un tal P.L. Salvador, en algo llamado papel y escuchan la música de un grupo llamado Prolýmbux y del saxofonista Grover Washington, Jr. (un gran descubrimiento, por cierto).
No suelo leer obras no comerciales, seguramente por miedo a no conectar con ellas, pero con P.L. Salvador tengo asegurado el éxito. No se cómo ni por qué, pero conecto con su prosa, con esa forma tan especial que tiene de contarnos la historia. Algo que transmite con ese estilo tan suyo, incluso con la tipografía (pasando de marcar diálogos con los guiones a no hacerlo, o cambiando la numeración de los capítulos a letras) o la maquetación del libro. Y a colación de esto último, mención aparte merece la edición de este libro en papel, con cubierta semidura en rústico, una portadilla interior con la imagen de la cubierta en escala de grises, con ilustraciones también en escala de grises al comienzo de cada relato. Y de regalo, un marcapáginas y una lámina tipo postal con la imagen a color de la portada.
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