Autor: Tatiana de Rosnay
Serie: -
Género: Narrativa, Histórica, IIGM
Editorial: Suma
Páginas: 350
La epopeya de una niña judía por salvar a su hermano se convertirá en un ejemplo a seguir para quienes han vivido marcados por el peso de la culpa.
La verdad siempre encuentra la luz.
París, julio de 1942. Las autoridades arrestan a 13.000 judíos ante la mirada de los parisinos, que guardan silencio por miedo, indiferencia o simple interés, pues esperan ocupar las viviendas vacías.
El pequeño Michel se oculta en un armario para huir de la redada. Su hermana Sarah cierra la puerta para protegerle y se guarda la llave, pensando que va a regresar en unas horas. Sin embargo, el destino de los Starzynski es protagonizar una de las páginas más tristes de la historia. Los gendarmes confinan a los miles de detenidos durante cinco días en el Velódromo de Invierno, cerca de la Torre Eiffel, sin comida ni agua. Después envían a las familias a un campo de concentración francés, donde los separan como paso previo a su posterior traslado a Auschwitz.
París, mayo de 2002. Julia Jarmond, una periodista norteamericana afincada en Francia desde hace veinte años, recibe el encargo de preparar un reportaje con ocasión del sexagésimo aniversario de la redada. La reportera reconstruye el itinerario de los Starzynski y la lucha denodada de Sarah por salvar a su hermano, pero lo último que puede imaginar es que la investigación le conduzca hasta los Tézac, la familia de su marido.
La llave de Sarah abre, entre otras cosas, la puerta de la redención.
La crítica ha dicho...
«Un viaje estremecedor hacia los horrores del nazismo y el colaboracionismo de los franceses.»
Valoración: ⭐⭐⭐⭐⭐
Este libro cuenta dos historias ambientadas en París. Dos historias que se encuentran separadas en el tiempo por más de cincuenta años, pero que aun así se entrelazan de forma inesperada. Y es que ya lo dice el proverbio chino: Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse. El hilo puede estirarse o enredarse, pero nunca romperse.
En 1942 la policía francesa ordena la detención de más de 13.000 judíos (hombres, mujeres y niños), que son encerrados en pésimas condiciones en el Velódromo de Invierno (Vel d’Hiv) para posteriormente ser deportados a Auschwitz. Entre ellos se encuentra la familia Starzynski, el matrimonio y su hija Sarah, de diez años. En casa escondido en el armario se ha quedado el pequeño Michel, y es Sarah la que tienen la llave para abrir la puerta de este recinto camuflado en la pared.
En 2002, la periodista Julia Jarmond es encomendada la tarea de preparar un reportaje sobre Vel d’Hiv en su sexagésimo aniversario. Impresionada por esta historia, que la mayoría de franceses parece ignorar, se obsesiona en especial con el caso de Sarah; máxime cuando en la investigación parece que la familia de su marido está relacionada de forma trágica con el caso. Julia deberá enfrentarse al negacionismo, al rechazo, y deberá superar obstáculos personales para lograr su objetivo: encontrar a Sarah.
Cuando en 2010 se publicó este libro, me fue recomendado por varias personas, pero no me decidí a leerlo. Más tarde sacaron una película, protagonizada por Kristin Scott Thomas, que tampoco vi. Pero este año, por fin, me he decidido a leerlo y ha resultado una lectura muy emotiva, que me ha tocado el corazón.
Los personajes de Sarah y Julia nos emocionan, se cuelan en nuestros pensamientos. El lector sufre con Sarah, está deseando que logre escapar, que sobreviva, que encuentre a Michel. Sufre, se emociona, siente su miedo y su dolor. Con Julia el sentimiento es más cercano, sus problemas son más "cotidianos" y por eso también nos identificamos con ella.
La trama en dos escenarios temporales tan dispares está muy bien hilada. La autora consigue que no nos perdamos con los cambios de escenario, cosa harto difícil. Y ambas tramas se van entrelazando hasta llegar a un nexo común que es el clímax de la historia de Sarah y Julia.
La ambientación está muy lograda. En el pasado, visto desde el punto de vista de la niña, conocemos de primera mano el horror de las primeras noches en el velódromo, sin agua, sin comida, sin baño: la pesadilla del campo de concentración a la espera de los temidos trenes (algo que el lector sabe, pero que la niña no se imagina). En el presente, la vida moderna, los parisinos tan suyos, tan orgullosos, que desconocen su propio pasado y niegan el colaboracionismo institucional. Y es que... los que arrestaron sumariamente a todos esos judíos (repito, hombres, mujeres y niños, sobre todo niños) fueron policías franceses. Los mismos policías que días antes ayudaban a esos niños a cruzar las calles. Esta es una parte de la historia que cuesta reconocer: el antisemitismo, la barbarie, no fue solo de los nazis alemanes. Hubo colaboracionistas, institucionales, personales, en muchos países ocupados. Algunos por miedo, sí; pero otros, muchos, por convicción o ambición. Y muy pocos, ahora, reconocen este hecho y entonan el mea culpa.
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